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Abrir una peluquería en España no depende de un título oficial, pero sí de cuatro cosas que conviene tener resueltas antes del primer corte: lo que el ayuntamiento sabe de tu local, el alta en Hacienda y en la Seguridad Social, una rutina de higiene que aguante una inspección y un precio que cubra de verdad cada hora de sillón.
Esta guía sigue el orden en que aparecen las preguntas cuando alguien decide montar su propio salón: qué pide la ley a quien corta y tiñe, qué trámites se hacen y ante quién, qué debe tener el local, cómo se calcula el precio de un servicio y cómo se llena la agenda las primeras semanas. Está escrita para España; donde una comunidad autónoma o un ayuntamiento cambian las reglas, lo señala con un ejemplo concreto.
Las referencias legales se comprobaron en septiembre de 2026 en el BOE, en las sedes de la Agencia Tributaria y de la Seguridad Social y en las webs oficiales citadas. Úsalas para preparar tu conversación con la oficina que corresponda, no para saltártela: cuotas, plazos y requisitos cambian.
1. Formación y requisitos: lo que la ley pide a quien corta y tiñe
Trabajar como peluquero o peluquera no está condicionado en España a un título obligatorio. La peluquería no aparece entre las profesiones reguladas que España ha notificado a la base de datos de la Comisión Europea, a diferencia de, por ejemplo, Francia, Italia o Alemania, que sí la tienen regulada. Puedes abrir sin acreditar un diploma concreto, y eso traslada la prueba de tu competencia a otro sitio: a la clientela que repite, al equipo que contratas y a cómo trabajas con productos químicos.
Si buscas formación oficial, hay dos vías. La formación profesional ofrece el título de Técnico en Peluquería y Cosmética Capilar, de grado medio (Real Decreto 1588/2011), y el de Técnico Superior en Estilismo y Dirección de Peluquería (Real Decreto 1577/2011), que añade la dirección del salón. El certificado de profesionalidad IMPQ0208 «Peluquería», de nivel 2, acredita las competencias de peluquería, incluidas las técnicas complementarias de arreglo y rasurado de barba y bigote.
La exigencia, cuando existe, suele venir de la norma local. La Ordenanza de Protección de la Salubridad Pública de la ciudad de Madrid, por ejemplo, dice que el personal «tendrá cualificación profesional sobre las técnicas aplicadas para evitar riesgos en los usuarios» y que justificará con certificados la formación reglada que una norma específica exija (art. 97.c). Si vas a sumar depilación, uñas o maquillaje, pregunta en tu ayuntamiento qué se acepta como acreditación.
Nadie te pide un título para abrir una peluquería, pero la inspección sí te pedirá que expliques cómo limpias cada peine.
2. Ayuntamiento, Hacienda y Seguridad Social: los trámites en orden
Empieza por el ayuntamiento, antes de firmar el alquiler. La Ley 12/2012 prohíbe exigir licencia previa de actividad a los servicios de su anexo —entre ellos el epígrafe 972.1, «Servicios de peluquería de señora y caballero»— si el local no supera 750 metros cuadrados de superficie útil de exposición y venta. En su lugar presentas una declaración responsable o una comunicación previa, y las obras de acondicionamiento sin proyecto tampoco necesitan licencia. Desaparece la espera, no el control: el ayuntamiento comprueba después, y la Ley General de Sanidad le encarga el control sanitario de las peluquerías (art. 42.3.c). Pregunta primero si el uso está permitido en ese local.
Hacienda va antes del primer servicio: el modelo 036 se presenta «antes de iniciar las correspondientes actividades», y el 037 simplificado se suprimió el 3 de febrero de 2025. Tus servicios llevan el IVA general del 21 % (art. 90 de la Ley 37/1992), porque la peluquería no está entre los tipos reducidos. El epígrafe 972.1 figura en la orden de módulos de 2026 (Orden HAC/1425/2025): si no superas sus límites, valora con tu asesoría si te conviene la estimación objetiva. Con domicilio fiscal en el País Vasco o Navarra, tu interlocutora es la hacienda foral.
El alta en el RETA se hace por medios electrónicos antes de empezar y, como pronto, 60 días naturales antes (Real Decreto 84/1996, arts. 32 y 46). Cotizas según tus rendimientos netos: eliges una base por lo que prevés ganar y se regulariza cuando se conocen tus rendimientos reales del año. Si es tu primera alta, o no has estado de alta en los dos años anteriores, pide en el mismo trámite la cuota reducida de los doce primeros meses; su importe lo fija la Ley de Presupuestos. Un Punto de Atención al Emprendimiento te acompaña gratis en el alta mediante el sistema CIRCE, con los trámites que tu comunidad tenga disponibles.
Si contratas, se suman cuatro deberes: alta de cada persona antes de que empiece, comunicación de apertura del centro de trabajo a la autoridad laboral antes o en los 30 días siguientes (Orden TIN/1071/2010), evaluación de riesgos que contemple los productos químicos elegidos (Ley 31/1995, art. 16) y el Convenio colectivo de peluquerías, institutos de belleza y gimnasios, vigente hasta el 31 de diciembre de 2026 y prorrogable. Pregunta a tu ayuntamiento si te exige algún seguro; en cualquier caso, busca una responsabilidad civil que cubra una reacción a un tinte.
3. El local y la higiene: qué mira una inspección en una peluquería
No hay una norma estatal que describa el interior de una peluquería: lo fijan tu comunidad y, sobre todo, tu ayuntamiento, que es quien inspecciona. Una referencia útil es el Libro IV de la Ordenanza de Protección de la Salubridad Pública de Madrid (2014). Para peluquerías pide una zona de preparación del material diferenciada y de uso exclusivo del personal, y un lavabo con agua fría y caliente solo para limpiar material, independiente de los lavacabezas (art. 92), además de paredes, suelos y superficies lisos, impermeables y fáciles de desinfectar (art. 84).
El día a día se decide en los utensilios. Esa ordenanza exige higienizar y desinfectar entre un cliente y otro los peines, cepillos y todo lo que toca piel o cuero cabelludo, y guardarlos en recipientes lisos o con envoltura individual; cuchillas de un solo uso; toallas renovadas con cada persona; y cosméticos siempre etiquetados (arts. 89 a 91). Pide también un registro de limpieza y desinfección con la periodicidad, el producto y el responsable de cada tarea (art. 88). Si tu municipio no tiene ordenanza propia, trabajar con ese nivel de detalle te deja en buena posición ante cualquier visita.
Para el color, la misma norma pide ventilación natural o forzada apropiada al volumen del local (art. 81): tenlo en cuenta al decidir dónde va el puesto de preparación. Respeta las advertencias y los tiempos de exposición de cada fabricante. Y para ponerlo todo por escrito, parte de la plantilla de plan de higiene en su versión de peluquería: ordena cada tarea por qué, cuándo, con qué y quién, y la ajustas a tus productos.
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4. Costes y precio: lo que tiene que rendir cada hora de sillón
Ordena los costes en tres montones antes de pensar en tarifas. La inversión inicial: obras y, si hacen falta, honorarios técnicos; lavacabezas, sillones y tocadores; secadores y pequeña herramienta; la primera compra de tintes, oxidantes y productos de lavado; la fianza. Los costes fijos de cada mes: alquiler, suministros, seguros, cuota de autónomo, gestoría y software. Y los variables de cada servicio: gramos de tinte y oxidante, champú, tratamiento, lavandería. Si contratas, suma salario de convenio y cotización de empresa.
El precio sale de dividir, no de copiar al salón de enfrente:
- Suma los fijos del mes, la retribución que necesitas y una reserva para reponer maquinaria.
- Divide entre las horas que vendes de verdad, no entre las que abres: descuenta limpieza, huecos y pedidos. Eso cuesta una hora de sillón.
- Para cada servicio, multiplica los minutos de sillón por ese coste y suma el material. Un color ocupa el puesto mientras actúa, aunque tus manos estén con otra persona.
- Añade el 21 % de IVA y publica el precio final.
La ley de consumidores exige en la oferta «el precio final completo, incluidos los impuestos» y, si no puede fijarse con exactitud, la base de cálculo para comprobarlo (Real Decreto Legislativo 1/2007, art. 20.1.c): explica de qué depende el suplemento por largo en vez de poner un «desde» sin más. Para cobrar, el Reglamento de facturación permite a las peluquerías la factura simplificada hasta 3.000 euros con IVA (art. 4.2.h). Si facturas con un programa, pregunta a tu asesoría por el Reglamento de sistemas informáticos de facturación (el de VERI*FACTU): la Agencia Tributaria fija el 1 de julio de 2027 como límite de adaptación para quien no presenta el Impuesto sobre Sociedades. Por qué caja y agenda suelen ser dos decisiones distintas lo explica software para salones con o sin caja.
5. Primeros clientes y organización: perfil, reservas y ficha
Antes de abrir, crea tu perfil de empresa en Google con la dirección exacta, el horario, el teléfono, la categoría de peluquería, fotos reales del salón y de tus trabajos, y un enlace directo a tu página de reservas. Contesta a cada reseña, también a las que duelen, porque quien busca peluquería nueva también lee tus respuestas.
Una página de reservas propia te ahorra llamadas si los servicios están bien definidos. Pon duraciones reales: un corte con lavado, un retoque de raíz, unas mechas con papel y un recogido no ocupan lo mismo. Decide qué hace cada persona del equipo y deja que se reserve directamente con ella. Cada cita debería generar una confirmación con fecha, hora, dirección y plazo de cancelación, y un recordatorio la víspera; tienes textos de partida en las plantillas de confirmación y recordatorio de cita.
La ficha de cliente es donde se gana la segunda visita: fórmula exacta, oxidante, tiempo de exposición y cómo reaccionó el cuero cabelludo. Para empezar en papel tienes la plantilla de ficha de cliente para peluquería. Una alergia es un dato de salud, y el RGPD solo permite tratarlo en supuestos tasados, como el consentimiento explícito (art. 9); lo desarrolla software de peluquería y RGPD. Las fechas de las visitas anotadas en la ficha también te dicen quién vuelve a su ritmo habitual y quién ha dejado de venir sin avisar; nuestro artículo sobre programas de fidelización para peluquerías convierte eso en ideas que puedes poner en marcha por tu cuenta, como premiar la próxima cita que se reserva antes de salir del salón.
Cuando la agenda crezca, junta reservas, recordatorios y fichas en un solo sitio. Hay varios programas para peluquerías que lo hacen; Salon Wizard es uno de ellos, con página de reservas propia, ficha con notas e historial de citas, citas periódicas y avisos automáticos por correo. No hace caja ni contabilidad: eso lo resuelves aparte.
Primero, el local: pregunta en el ayuntamiento si el uso está permitido y qué debe acompañar a tu declaración responsable, antes de firmar nada. Segundo, las altas: el 036 en Hacienda y el RETA en la Seguridad Social antes del primer servicio, pidiendo la cuota reducida en ese mismo trámite. Tercero, la rutina: plan de higiene y registro de limpieza por escrito, precios calculados por hora de sillón y publicados con IVA, y tu página de reservas abierta desde el primer día.
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