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Cuánto cobrar por un tatuaje depende menos de lo que cobran otros estudios que de una cifra que conviene calcular antes que ninguna otra: lo que te cuesta cada hora con la aguja en la piel, contando todas las horas que no se ven. Aquí tienes cómo llegar a ella y cómo convertirla en precio.
En un estudio de tatuaje, la sesión es solo la parte visible del trabajo. Antes van la consulta, el diseño, las correcciones, la preparación de la plantilla y el montaje estéril del puesto; después, el desmontaje, la limpieza y los mensajes sobre la curación. Si el precio solo cubre las horas de sesión, todas esas horas las estás regalando.
Este artículo propone un cálculo en cinco pasos: las horas invisibles, el material estéril por sesión, la elección entre precio por hora, por pieza o con mínimo, la fórmula con IVA y la forma de mostrar el precio, y por último la señal, las subidas y los presupuestos. Las referencias legales son de España y se leyeron en septiembre de 2026 en el BOE y en la normativa de la Comunidad de Madrid; las cifras son ejemplos de cálculo, no tarifas.
1. Las horas que no se ven: consulta, diseño y montaje
El punto de partida es una semana normal, mirada con honestidad. ¿Cuántas horas pasas con la máquina en marcha y cuántas dedicas a todo lo demás? Consultas, bocetos, cambios pedidos por mensaje, preparación de la plantilla, montaje y desmontaje del puesto, esterilización o gestión del material, redes sociales, pedidos. Anota las dos columnas sin redondear, porque de su proporción depende todo el cálculo.
Las horas de la segunda columna tienen que pagarse de alguna forma, y hay tres maneras. Cobrarlas aparte, como consulta o como diseño. Repartirlas en la tarifa por hora de sesión, subiéndola lo necesario. O cubrir una parte con la señal, si la planteas como pago del diseño que se hace antes de la sesión. Ninguna es mejor en abstracto; lo que no funciona es no elegir, porque entonces el diseño se hace gratis.
Con esa semana anotada, calcula tu divisor: horas de sesión cobradas al año. Los costes del estudio —alquiler, suministros, contrato de recogida de residuos, mantenimiento del autoclave si lo usas, seguros, cuota de autónomo, gestoría, software y tu retribución— divididos entre esas horas dan tu coste por hora de sesión. Si trabajas con otros tatuadores en plantilla, ten en cuenta que el convenio de peluquerías, institutos de belleza y gimnasios no nombra el tatuaje en su ámbito (art. 2): qué convenio aplica es una pregunta para una asesoría laboral, y la respuesta cambia tu coste por hora.
El diseño es trabajo aunque no deje tinta en la piel.
2. Material estéril de un solo uso: el coste de cada sesión
El tatuaje es el oficio donde el material por sesión es más rígido, porque buena parte no se puede reutilizar. En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, el Decreto 35/2005 exige que agujas y demás utensilios que atraviesen la piel sean «estériles y de un solo uso» y estén envasados y sellados hasta su uso, y que los guantes sean quirúrgicos, estériles, de un solo uso y se cambien con cada cliente (art. 6.1); las tintas de cada sesión van en recipientes estériles de un solo uso que después se desechan (art. 6.6). Cada comunidad autónoma tiene su propia norma y la de tu estudio es la que manda, pero la lógica de coste es la misma en todas.
Traducido a números, cada sesión arrastra un paquete fijo: cartuchos o agujas según el trabajo, capuchones de tinta, guantes —varios pares, no uno—, film para la máquina y el cable, protectores de camilla, papel, plantilla, vaselina o crema, apósito final. A eso se añade la tinta consumida, que sí depende del tamaño y del relleno. Calcula el paquete fijo una vez, a precio de compra, y revisa sus componentes cuando cambies de proveedor.
Ese paquete explica por qué una pieza pequeña no puede costar proporcionalmente lo mismo que una grande. Un tatuaje de veinte minutos consume casi el mismo montaje y casi el mismo material desechable que uno de dos horas. De ahí sale el mínimo por sesión del que habla la siguiente sección.
3. Por hora, por pieza o con un mínimo
Las tres formas de poner precio a un tatuaje reparten el riesgo de manera distinta. El precio por hora deja el riesgo en quien se tatúa: si la sesión se alarga, paga más. El precio por pieza lo traslada al estudio: da seguridad a la clientela, pero si el trabajo se complica, las horas de más corren de tu cuenta. El mínimo por sesión, planteado como precio fijo para piezas pequeñas o como importe de montaje y no como «una hora mínima», cubre el material y la preparación que de otro modo no se pagarían.
Cada forma tiene su condición legal. Si cobras por horas, el precio exacto no puede saberse de antemano, así que la ley pide dar la base de cálculo para comprobarlo (Real Decreto Legislativo 1/2007, art. 20.1.c): tarifa por hora, cómo se cuentan las pausas y una estimación de duración. Y cobra el tiempo realmente trabajado, porque la misma ley considera abusivas las cláusulas que prevean «el redondeo al alza en el tiempo consumido» (art. 87.5); «hora empezada, hora cobrada» es mala idea. Ese mismo apartado admite, en cambio, facturar por separado un coste ligado al inicio del servicio que no esté ya en el precio, si se ajusta al servicio efectivamente prestado: un importe de montaje claro encaja mejor que un redondeo.
Si cobras por pieza, el presupuesto es tu compromiso. Reservarse la facultad de subir el precio final sobre lo convenido, o de fijarlo al terminar, sin razones objetivas y sin dejar que quien se tatúa resuelva el contrato si el precio resulta muy superior, figura entre las cláusulas abusivas (art. 85.10). Un presupuesto por pieza necesita por eso un alcance escrito —tamaño, zona, estilo, color o negro, número estimado de sesiones— y una frase sobre qué pasa si ese alcance cambia a petición de quien se tatúa. Para piezas con muchas variantes, unos pocos niveles de complejidad funcionan mejor que un precio único, igual que en el cálculo de precios de nail art en estudios de uñas.
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4. La fórmula y dónde se enseña el precio
Con las horas y el material resueltos, el cálculo cabe en tres líneas:
- Coste por hora de sesión = costes del año, tu retribución incluida ÷ horas de sesión cobradas al año.
- Precio de una sesión sin IVA = (horas de sesión + horas de diseño que cargues a la pieza) × coste por hora + paquete de material + tinta + margen.
- Precio final = precio sin IVA × 1,21.
Como ejemplo de cálculo, sin importes: una pieza de tres horas con dos horas de diseño que no cobras aparte lleva en realidad cinco horas de tu coste, más un paquete de material por sesión. Si cargas así el diseño a cada pieza, cuenta esas horas también entre las horas cobradas del divisor; si en cambio lo repartes en la tarifa por hora, déjalo fuera de esta suma, porque ya va dentro del coste por hora. Si prefieres meter tus propias cifras, la calculadora de precios por servicio para salones y estudios hace la cuenta con coste por hora, minutos, material, margen e IVA; para el tatuaje, si cargas el diseño a cada pieza, suma sus horas a los minutos de sesión y cuéntalas también como horas facturables.
El IVA es el tipo general del 21 % (Ley 37/1992, art. 90): el tatuaje no está entre los servicios con tipo reducido. En Canarias, Ceuta y Melilla no se aplica esta ley (art. 3): allí el multiplicador te lo dará tu asesoría. Además del precio final en todo lo que publiques, alguna norma autonómica pide información en el propio estudio. En Madrid, la zona de espera tiene que ofrecer, con cartel visible o folleto, «la relación de los servicios que se prestan y los precios correspondientes a cada uno de ellos», impuestos incluidos (Decreto 35/2005, art. 11.5). Para un estudio que cobra por horas, lo razonable es publicar ahí la tarifa por hora, el mínimo o el montaje y la forma de presupuestar una pieza.
5. Señal, subidas y presupuestos con fecha
La señal es, en el tatuaje, casi una parte del precio. Bien planteada, paga el diseño y el hueco reservado, y se descuenta del total el día de la sesión. Tiene que quedar escrita antes de cobrarla: cuánto es, qué cubre, cuándo se pierde y cuándo se devuelve. Y tiene que ser recíproca. La ley de consumidores considera abusiva «la retención de cantidades abonadas por el consumidor y usuario por renuncia, sin contemplar la indemnización por una cantidad equivalente si renuncia el empresario» (Real Decreto Legislativo 1/2007, art. 87.2): si la señal se pierde cuando cancela el cliente, tu regla tiene que decir qué recibe el cliente si cancelas tú. Haz revisar esa redacción; cómo explicarla antes de reservar está en señal y cancelación en estudios de tatuaje.
El cobro de la señal va por tu banco o tu datáfono. Una herramienta de reservas como Salon Wizard ordena solicitudes, citas y fichas, pero no gestiona cobros ni señales, así que la señal se cobra aparte y, si quieres, se apunta en la nota de la ficha.
Para subir tarifas, en el tatuaje manda la lista de espera: si tus fechas libres están a meses vista y la demanda no baja, el precio se ha quedado corto frente a tu tiempo. También sube el coste cuando cambias de material o de local. Sube la tarifa por hora o los niveles de pieza desde una fecha anunciada, y respeta los presupuestos ya dados. Para no arrastrar presupuestos viejos durante años, ponles fecha de validez desde el principio —tres meses, seis meses, lo que encaje con tu lista de espera— y dilo en el mismo mensaje en el que envías el precio.
Para saber cuánto cobrar por un tatuaje, calcula primero lo que te cuesta una hora de sesión contando las horas que no se ven, añade el paquete de material estéril que consume cada sesión y decide cómo se pagan el diseño y las piezas pequeñas. Elige hora, pieza o una combinación, publica la base de cálculo y el precio final con IVA, cobra el tiempo real, escribe una señal recíproca y pon fecha a cada presupuesto.
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